34,5% de los jóvenes ya prefiere emprender antes que buscar un empleo tradicional: la generación que está reescribiendo la carrera profesional
Pregúntale a un grupo de veinte adolescentes qué quieren ser cuando crezcan. Hace apenas una década, la respuesta más repetida era “conseguir un buen trabajo en una empresa grande”. Hoy, más de uno de cada tres te va a decir que quiere ser su propio jefe.
No es una impresión sacada de TikTok ni una anécdota aislada: es lo que acaba de confirmar, con nombre y cifras, el estudio Young Business Talents 2026, uno de los sondeos más amplios sobre las aspiraciones profesionales de los jóvenes. Y el número incomoda a cualquier reclutador tradicional: solo un 12,5% de los encuestados aspira a trabajar como empleado en una empresa privada. El resto, o quiere emprender, o todavía no lo tiene decidido, pero cada vez menos sueña con una silla fija en una oficina ajena.
El estudio que puso número a un cambio que ya se sentía
El XI Young Business Talents Report, elaborado por ABANCA junto con Praxis MMT, encuestó a más de 11.000 estudiantes de ESO, bachillerato y formación profesional entre septiembre y noviembre de 2025, y publicó sus resultados en marzo de 2026. La cifra central ya circula en varios titulares: el 34,5% de los jóvenes de entre 15 y 21 años prefiere crear su propia empresa antes que trabajar por cuenta ajena.
Lo interesante no es solo el promedio, sino cómo varía según el territorio. En Cataluña, el 44,5% de los jóvenes se inclina por emprender; en Baleares, el 41,6%; en Extremadura, el 37,7%; en Madrid, el 35,1%; y en Navarra, el 34% frente a apenas un 19,2% que opta por el empleo tradicional. No hay una sola región donde el empleo por cuenta ajena le gane claramente al deseo de emprender entre los más jóvenes.
“Solo el 12,5% de los jóvenes españoles de entre 15 y 21 años aspira a trabajar como empleado en una empresa privada” — XI Young Business Talents Report, ABANCA y Praxis MMT.
Para ponerlo en perspectiva: hace una generación, la carrera “segura” era exactamente la contraria. Estudiar, entrar a una empresa reconocida, escalar puestos durante veinte o treinta años y jubilarse con pensión. Ese guion todavía existe, pero ya no es el que la mayoría de los jóvenes quiere seguir por defecto.
Por qué esta generación decidió no esperar su turno
Nuño Nogués, director del informe, lo resume con una combinación de tres factores que rara vez habían coincidido a la vez: una base económica familiar algo más sólida que la de generaciones anteriores, un mercado laboral que se percibe más inestable que nunca, y la aparición constante de profesiones que ni siquiera existían hace cinco años. Esa mezcla empuja a los jóvenes a preguntarse por qué habrían de apostar su futuro a un empleo que puede desaparecer, cuando podrían apostarlo a una idea propia.
Hay además un ingrediente que el estudio no mide directamente pero que cualquiera que trabaje con jóvenes reconoce: la barrera de entrada para montar algo propio nunca fue tan baja. Antes, “emprender” significaba alquilar un local, contratar personal y pedir un crédito. Hoy puede significar abrir una tienda online en un fin de semana, lanzar un canal de contenido sin presupuesto, o construir un producto digital con herramientas de inteligencia artificial que antes requerían un equipo entero de programadores.
El miedo que no los detiene
Lo llamativo es que este optimismo emprendedor convive con un pesimismo real sobre el futuro laboral. Casi ocho de cada diez jóvenes encuestados, entre 15 y 21 años, considera que lograr el éxito emprendiendo es difícil o muy difícil. Y las expectativas sobre el empleo en general tampoco son alentadoras: un 44,2% cree que el empleo empeorará en los próximos cinco años, un 31,2% piensa que se mantendrá igual, y solo un 24,6% confía en que mejorará.
Es decir: no están eligiendo emprender porque crean que va a ser fácil. Están eligiendo emprender porque, comparado con la alternativa que ven a su alrededor, les parece la opción con mejor relación entre esfuerzo y control sobre su propio destino. Es un cálculo de riesgo distinto al de sus padres, no una ingenuidad.

No es un fenómeno solo español: América Latina se mueve en la misma dirección
Si el lector piensa que esto es un dato aislado del mercado europeo, conviene mirar lo que está pasando del otro lado del Atlántico, porque el patrón se repite con matices propios. La Generación Z ya representa cerca de tres de cada diez trabajadores formales en la región y, según distintos estudios recientes sobre la fuerza laboral joven latinoamericana, un 58% se declara interesado en iniciar un negocio propio, mientras que un 14% ya dio el paso.
Ahora bien, hay una diferencia importante entre el emprendimiento europeo que describe el Young Business Talents y buena parte del emprendimiento latinoamericano: aquí el impulso no siempre nace de la ambición, también nace de la necesidad. Un 67,3% de los jóvenes mexicanos con empleo trabaja en la informalidad, sin seguridad social, contrato ni prestaciones, lo que empuja a muchos hacia el “emprendimiento” como la única puerta disponible, no como una elección entre varias buenas opciones.
Ese matiz importa para cualquiera que lea estas cifras desde Latinoamérica: el mismo titular (“los jóvenes prefieren emprender”) puede esconder dos realidades muy distintas, una de oportunidad y otra de supervivencia. Lo que sí comparten ambos lados del océano es la desconfianza hacia el empleo tradicional como garantía de estabilidad: un 53% de los jóvenes de la región dice que consideraría cambiar de trabajo en los próximos seis meses, y solo un 45% de los que tienen entre 18 y 28 años describe su relación laboral actual como sólida y comprometida.
- En España, el impulso emprendedor está más asociado a percepción de inestabilidad futura y nuevas profesiones digitales.
- En Latinoamérica, se mezcla con informalidad estructural y falta de oportunidades formales bien pagadas.
- En ambos casos, la lealtad al empleador tradicional como proyecto de vida se debilita generación tras generación.

En qué están emprendiendo realmente, más allá del titular
Hablar de “emprender” como si fuera una sola cosa es donde suelen fallar los análisis superficiales de esta tendencia. La mayoría de estos jóvenes no está fundando startups que buscan una ronda de inversión de varios millones, ni compitiendo por un lugar en una incubadora tecnológica. La entrada más común sigue siendo mucho más terrenal: comercio electrónico a pequeña escala, servicios freelance apoyados en habilidades digitales, contenido y marca personal monetizada, o pequeños negocios de nicho que antes hubieran necesitado un local físico y hoy operan desde un teléfono.
Ese detalle cambia la lectura del fenómeno. No se trata solo de una generación más ambiciosa o más arriesgada que las anteriores; se trata de una generación para la que los costos de entrada al mundo empresarial bajaron de forma tan drástica que “probar” un negocio propio dejó de ser una apuesta de todo o nada. Se puede lanzar, medir, corregir y, si no funciona, cerrar sin haber comprometido los ahorros de toda una vida. Esa reversibilidad es, quizás, el verdadero cambio estructural detrás del 34,5%: no es que todos vayan a tener éxito, es que el costo de intentarlo bajó lo suficiente como para que valga la pena hacerlo.
La inteligencia artificial acelera esa reversibilidad todavía más. Herramientas que hace tres años exigían presupuesto y equipo técnico —diseño de marca, atención al cliente automatizada, generación de contenido, análisis de datos de ventas— hoy las opera una sola persona con una suscripción mensual modesta. Eso no garantiza que el negocio funcione, pero sí reduce drásticamente el capital y el tiempo que hace falta para descubrir si funciona o no.
Lo que esto significa si tú eres quien contrata
Si diriges un negocio y llevas un tiempo notando que cuesta más retener talento joven, esta tendencia te da parte de la explicación. No es que esta generación sea “menos comprometida”, como se suele repetir en tono de queja generacional. Es que están comparando cada empleo contra una alternativa real: montar algo propio. Y esa alternativa compite en serio contra tu oferta salarial, tu plan de carrera y tu cultura de empresa.
Las empresas que están reteniendo mejor a los jóvenes con perfil emprendedor no lo hacen prometiendo estabilidad a treinta años, porque saben que ya no es un argumento que convence. Lo hacen ofreciendo algo más cercano a lo que buscarían montando su propio negocio: autonomía real sobre proyectos, posibilidad de ver el impacto de su trabajo de forma directa, y en algunos casos programas de intraemprendimiento donde pueden desarrollar una idea propia dentro de la estructura de la empresa, con recursos y sin asumir todo el riesgo solos.
- Ofrece proyectos con dueño claro, no tareas fragmentadas sin visibilidad del resultado final.
- Sé transparente sobre el “para qué” de cada rol, no solo sobre el salario y las prestaciones.
- Considera esquemas de intraemprendimiento o comisión por resultados para quienes muestran iniciativa propia.
- Acepta que vas a competir contra la opción de emprender, no solo contra otras empresas del sector.
Qué hacer si tú eres parte de ese 34,5%
Si te identificas con esa cifra y ya estás pensando en dar el salto, el dato más útil de todo el estudio no es el 34,5%, sino el casi 80% que reconoce que el camino es difícil. Esa honestidad es justo lo que separa a quien emprende con cabeza de quien emprende solo por escapar de un trabajo que no le gusta.
Antes de renunciar a todo de golpe, hay una ruta más sensata que ha demostrado funcionar mejor que el salto al vacío:
- Valida la idea como proyecto paralelo mientras mantienes ingresos estables, aunque sea unas horas a la semana.
- Busca un primer cliente o comprador real antes de invertir en marca, oficina o inventario.
- Apóyate en mentoría o formación estructurada en vez de improvisar cada decisión sobre la marcha; reduce errores caros y acelera la curva de aprendizaje.
- Define de antemano en qué punto (ingresos, tiempo, ahorro) sabrás que es momento de dar el salto completo.
Precisamente por esa necesidad de acompañamiento estructurado es que muchos emprendedores en etapa temprana recurren a programas de mentoría que ya han sido probados por otros; si te interesa ese enfoque, en nuestra reseña de Game Change de Adrián González revisamos qué tan sólida es una de esas alternativas para quien está dando sus primeros pasos como emprendedor.
El dato clave para recordar: el 34,5% no es una moda pasajera de redes sociales, es la primera generación que, con datos en la mano, prefiere asumir el riesgo de emprender antes que el riesgo de depender de un solo empleador.
La generación que hoy tiene entre 15 y 21 años va a llegar al mercado laboral en los próximos cinco a diez años con una relación distinta con el trabajo: menos dispuesta a cambiar autonomía por estabilidad prometida, y más dispuesta a asumir riesgo si eso significa control sobre su propio tiempo y su propio ingreso. Que ese riesgo salga bien no depende de la edad ni de la generación, depende de si se prepara con la misma seriedad con la que se sueña.





